Ferino Santos Alcalde.

Ferino Santos Alcalde.

A Ceferino Santos Alcalde: in memoriam

Una salva fúnebre explotó en WhatsApp a media mañana del 2 de octubre. Sonó a  último badajazo del Martes de Carnaval rondando las 20:00 horas: “Ha muerto Ferino”, Ceferino Santos Alcalde. In memoriam ya. El óbito de ‘Ciudad Rodrigo al Día’ vino a apuntar a modo de flashazos 78 años de vida y obra. El exalcalde Miguel Cid ahondaba en la pérdida: “Un líder nato y ejemplar”, fue su adiós. Coautor del Carnaval del Toro moderno, vienen a decir: “Nos hemos planteado la necesidad de mejorar nuestros aspectos más tradicionales para dejar las bases del futuro. Queremos un gran Carnaval y para ello se necesita la colaboración de todos, sin excepción”, le decía a Pepe Casamar en noviembre de 1980. Et voilà.

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Ferino, durante el Carnaval de 1980 ataviado con el inolvidable mono ‘farintato’.

El noviembre pasado también habló: la figura erguida –nunca desgarbada- se zambulle en un mar de Carnavales pasados. Instantes. “Vino; calamares… y para estos chicos lo que quieran”. Jersey de pico granate. Las gafas de pantalla tintadas. “Gracias Ferino, estamos servidos”, responde el grupo de tres. La neblina sobre la Plaza Mayor de Miróbriga. El runrún de la taberna en torno al Carnaval. “Yo creo…”, entona en un momento dado. La conversación queda para los íntimos. Y dicta la penúltima lección: “… y así lo hice”. El Domingo de Piñata como ópera prima (año de 1979). El almuerzo charro… Orden y concierto. El Carnaval de Interpeñas de los 80, ni más ni menos: “Había que actuar ante la decadencia que estábamos viviendo”. La base. “El desfile de carrozas en esa época fue impresionante”, recuerdan los nostálgicos. En rededor, la consolidación del Toro del Aguardiente; la recuperación del encierro a caballo… Inolvidable el mono de faena ‘farinato’. Por todo ello, la Medalla de Plata de Ciudad Rodrigo en 1983.

El último precarnaval se antojó como despedida velada para Ferino. Nunca más en la ‘barrera’ del tablao de la Peña el UMO. Porca miseria. Presentación del Libro del  Carnaval. 38 edición. La idea genuina, también suya. Una más. La reverencia ante la obra heredada. Tras la puesta de largo del nuevo volumen, la mirada retrospectiva. Carnaval de 1997. Dos décadas de viaje al pasado. Y Ferino, Cerfino Santos Alcalde, sacude el auditorio como si fuera un aquí y ahora. Las lágrimas le empeñaban la vista. El corazón se abría en canal para dar la bienvenida al Carnaval de hace cuatro lustros: “Finalizo dando las gracias a Dios de nacer, vivir, creer, disfrutar, luchar y querer con toda mi alma a esta bendita tierra”. Qué exclamación. El Teatro Nuevo atronó entonces. Y la ovación se hizo también en presente. Lo dicho: in memoriam, Ferino.

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