La penúltima velada del precarnaval Cultural acogió la presentación -en forma de libro- del estudio ‘Toros en Ciudad Rodrigo: la plaza del Hospicio (1971-1928); obra del escritor e historiador local Juan Tomás Muñoz -y a su vez alcalde de Ciudad rodrigo-. «Ciudad Rodrigo siempre ha manifestado su apego a los toros. Sin embargo, esta afición ha quedado en entredicho cuando se trataba de apostar por un espacio referencial, una plaza de toros estable que diese cabida y continuidad a los espectáculos taurinos. Hubo distintos intentos, siempre desde la iniciativa privada, para levantar una plaza de toros en la ciudad rodericense. Nunca tuvieron éxito, pese a los esfuerzos y desvelos de unos cuantos emprendedores que desde el último tercio del siglo XIX pusieron todo su empeño para dotar a Ciudad Rodrigo de un coso taurino estable. Solo se consiguió que la localidad contase con distintas plazas provisionales, siempre con la utilización de la madera para su configuración, lo que suponía una apuesta por la provisionalidad, un parche para cubrir las necesidades de distintos momentos puntuales, caso de las jornadas feriadas que servían entonces como revulsivo económico para el comercio», centró el foco la ponencia.

«No cabe duda de que la Plaza Mayor de Ciudad Rodrigo ha sido el referente taurino por antonomasia, el coso oblongo en donde tradicionalmente se lidiaban las reses buscando los motivos más peregrinos. Ello no es óbice para que de forma ocasional se haya contado con cosos provisionales en distintos parajes urbanos mirobrigenses, incluso del extrarradio, pero siempre ha sido la Plaza Mayor, al menos desde el siglo XV, el enclave oficial para la celebración de festejos taurinos, muchos de ellos al socaire de determinadas celebraciones o con motivo de distintas festividades. Porque no será hasta el siglo XVIII, concretamente en 1732, cuando encontremos las primeras fuentes documentales que asimilen el Carnaval con la organización y desarrollo de festejos taurinos, prácticamente como ahora los conocemos: con sus encierros –siempre a caballo y con almuerzo para los encerradores, si viene al caso-, capeas, novilladas o la adjudicación y construcción de los distintos tramos de los tablados por particulares, contando también con la referencia del reloj suelto», apuntó después. Y a partir de ahí desgranó la historia de la plaza del Hospicio, tomando como referencia la Feria de Mayo en la que se celebraban los festejos taurinos.

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