agujas 2019

Primeras agujas colocadas para el Carnaval del Toro 2019.

Ciudad Rodrigo ha puesto la mañana de este lunes 28 de enero la primera aguja [del Carnaval 2019]. Que es lo mismo que poner la primera piedra para un camino que desembocará en las 18:15 horas del Viernes de Carnaval. Palabras Mayores. Poner la primera aguja significa todo. El cambio de chip. «Ahora ya, sí que sí, estamos cerquísima del Carnaval», te dices. Y te imaginas ya subid@ sobre ella. Los dos brazos apoyados a plomo. Media hora antes del encierro, para ser exactos. Los pies asentados sobre la segunda barra horizontal. La humedad que penetra hasta las entrañas. Mirando hacia tu izquierda; esperándolos venir. U otra posición: el paseo inquieto por el recorrido, de arriba para abajo. «Buenos días», te saludas con el paisano con el que cada día vives la carrera. El bambolear inquieto de las piernas. El baile del San Vito. Son las 11:00 horas. En punto. El badajo revienta la Campana Gorda: ese ‘¡dong, dong, dong!’ aceleradísimo e inenarrable te lleva  apoyar la pierna izquierda sobre la barra más próxima al suelo. Las dos manos se te hielan y se funden, a partes iguales, con el hierro. Uno, dos, tres… golpes de riñón. Como para divisar por dónde vienen. Te quedas a medio subir: te lanzas tras los toros, los ves correr ya en la retaguardia. Miras para atrás. El corazón, de verdad, se te sale por la boca. A penas un segundo antes se ha producido otra toma de contacto real con las agujas: los pies se habían apoyado sobre el machón de unión entre aguja y aguja, como para estirar. La cadera rota, loca, a las once en punto. Cuatro, cinco saltitos. El fuego real: los toros como centellas y tú en la vía del tren. Te da igual, comienzas a trotar, te dejas absorber por la marabunta. Ya están. Detrás. Nada entre el toro y tú. El giro de cuello. El disfrute… antes de que llegué el hachazo del pitón. El salto a derechas. La aguja como tabla de salvación. El cuerpo, al completo, sujeto sobre la estructura metálica. Todo un salvavidas. «Uffff», respiras aliviado.

Con el desencierro se repite la operación. Y suma más aristas. El toro descolgado. El toro que queda suelto y ya avanza a tirones. Las agujas interpuestas entre tú y él. La chaqueta, el fular, la prenda de ropa de la que te despojas y la ofreces al juego: «¡Ha!», citas al toro. La arrancada depredadora hunde media barra. Insistes. Lo citas más hacia delante. Las agujas no claudican. Resisten estoicas los duros pitonazos. Todo esto pasa a vuelapluma mientras los operarios plantaban la segunda aguja. Quedan decenas… Quedan 32 días para el Carnaval. En serio, quién no sabe lo que es esto, quién no sabe cuál es el tacto de una aguja -ese frío metálico que hiela-, no ha vivido el Carnaval del Toro. ¡Ya queda un día menos!

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