El encierro de Miróbriga es único. Con una idiosincrasia propia. Y se parte en dos: ¨dentro y fuera de murallas. La velocidad urbana de la avenida de Foxá. Tres ‘rampas’ para poner a prueba el motor del toro. La curva del Árbol Gordo lo cambia todo: la piedra toma la palabra. La escena se vuelve añeja. Atemporal, tal vez. El Registro, la calle de Madrid, la entrada a la Plaza… siempre igual. Así fue, así es y así sigue siendo.

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